Recuerdo tus arruguitas y siento infinitas ganas de llorar. Es la misma vida, aceleración biológica del cronograma humano, viva vivida, como quieras llamarlo. Quizás nunca te lo haya expresado en palabras, pero me pregunto si podré haber vivido así, de esa forma, con semejante tezón, con semejante fortaleza inquebrantable. Tu paso por la guerra, tu balazo, tus sueños correteando entre Europa y una América del Sur, esperanzadora. Tus arrugas se imponen en mi mente y me dejan leer que debo respetarte, que fue tu experiencia y tu visión del mundo uno de los tesoros más importantes, entre recuerdos y vida que continúa en reproducción. Andanzas, anécdotas, amores, hijos, nietos, bisnietos... es el tiempo, que va dibujando perfectas sincronías cósmicas y que no se detiene jamás. Quizás vos ya no estés entre nosotros, pero tus genes viven ( ¡ y cómo!); aún siguen, y continuarán expresando sus particularidades biológicas e históricas en ellos, en mí. Sólo espero poder seguir tu ejemplo, de la mejor manera posible. Veremos qué porciones de vida son las que viva...Me aseguraré que los pequeños conozcan tu existencia; sé muy bien que desde algún sitio aéreo nos observaste con una sonrisa.