viernes, 9 de septiembre de 2016

Querida Purmamarca


   Te necesito, montañita de Jujuy. Te extraño como hace mucho no extrañaba un lugar. Siento que necesito contarte tantas cosas.... como que acaso nunca viví tanta magia como la que me regalaste. Tu tierra, tu llanto, tus Andes que se imponían lejanos, oscuros y misteriosos. La sincronicidad, la música, el unísono de espíritus frente a tu placita; la ausencia de tiempo, sólo el ahora.  Extraño esa magia, en la que me di cuenta de que todo en esta vida es realmente posible, siempre y cuando logremos encontrarnos con nosotros mismos. Y en vos, me encontré con mis sueños y posibilidades, y estoy tan contenta de haberte cantado bien fuerte, con toda mi alma... Cómo te necesito en estos momentos, Jujuy, en los que la noche se hace tristeza torbellina, y me rompe el ánima en muchos seres que intentan entenderse, y pareciera que las estrellas no me regalan señales... Cuando la mente se vuelve un tumulto extraño que no logro apagar, intento imaginar que estoy allí, frente a mi querida Purmamarca, y respiro ese aire multicolor que me hizo sentir viva, renacida. Yo te dije en secreto, Jujuy, cuando vuelva quizás tenga mucho para contarte, en compañía o en soledad. Creo que aún sigo soñando con visitarte acompañada, por lo menos acompañada de un alma sincera, que desee compartir la felicidad de respirarte. Y en caso de que me veas sola, Purmamarca, estoy segura de que tu sabiduría me dirá, junto con las estrellas: " ya llegará quién te merezca". Me volvería peregrina de tus caminos, exploradora de tus creencias, y traductora del soplido de tu viento. Creo en tu magia, y sé que allí existe. O mejor dicho, me ayudaste a ver la magia enorme que hay en mí, y que hasta no mucho, no sabía que tenía. Establezco el acuerdo de creer en mí, y en mi magia.  Me diste valor, seguridad y coraje. ¿ Cómo podría agradecértelo? Ya siento que con sólo cantarte, no es suficiente. Igual así, voy a seguir cantando toda mi vida, porque si no canto, mi alma no respira.  Aunque no tenga la voz más maravillosa, amo todo lo que tenga para dar, porque como me enseñaste, sé que soy más especial de lo que creía. Verte de nuevo será un placer, y quién te dice qué tengamos para decirnos...

jueves, 14 de julio de 2016




    El árbol, el mono, el río



  Me han dicho que en la vida hay dos clases de personalidades: los árboles, que son aquellos que echan raíces con facilidad y se establecen, y los monos, que revolotean, bailan, se trepan a los árboles, se quedan un tiempo imprevisible, y luego se van.  De pequeña, por formas de contemplar la vida, y ante varias decepciones con algunas amistades, pensé que estaba destinada a  ser un árbol, echar raíces, afianzar vínculos, acariciar la profundidad, dejar que los monos se sirvan de mis frutos, y luego sin más, se marcharan.  Sin embargo, creo en la capacidad de elección,  y de lo divino que existe en cada ser. Decidí convertirme tanto en mono como en árbol. Ser columpio y movimiento. Ser columna, sostén, y volar entre el aire y el viento. A la vez, mi alma no vive sin la profundidad del agua, y de las moléculas del aire. Con el paso del tiempo me he convencido de que , tanto árboles como monos, no pueden vivir unos sin otros. Se necesitan, se sostienen, se nutren en vida, se alimentan. Son éxtasis selvático y supervivencia. El árbol es árbol por ser lo que no es un mono, y necesita del mono para autoafirmar su identidad. Lo mismo ocurre con el mono, quién no sería ese curioso animal si no fuera por los enormes árboles que lo acobijan y alimentan. Árbol y mono son amigos, son amantes, intercambian con su entorno, brindan algo de sí, que es imposible de repetir e imitar. Existen amores de esos más "mono", o  aquellos que apuestan por las raíces ( pero no por eso lo que nunca evoluciona), las amistades que crean bosques frondosos, o las amistades que perduran lo que una mariposa.
  Si me preguntan, yo prefiero ser movimiento y a la vez  profundidad, armar fogatas entre los senderos, disfrutar del "entre", el espacio que se manifiesta desde un árbol hasta el mono  más volátil. Por qué no, ser flor de un bosque repleto de árboles antiguos y sabios, con muchas raíces de vida. Elijo ser complemento entre la mutación y la creación más incandescente y explosiva. Recuerden que el agua tiene profundidad, y aún así es energía y crea corriente, como el río que danza hacia el mar...

   ¿Vos te sentís más árbol,  mono, o una combinación de ambos?

jueves, 26 de noviembre de 2015

Siete años, siete notas



    SIETE es el número de años que me producen esta extraña melancolía, una sensación que envuelve el crujido que sabría que daría mi vida; me estruja hasta el extirpe de algunas lágrimas, y de alguna manera, no me quiere soltar. Y yo tampoco. Aún hay algo que nos une, a esa de hace siete años y a esta persona, que escribe estas palabras confusas.
 Eran tiempos de rebelión interior, de esperanza elevada, de una enorme transición, como un pasaje secreto hacia los deseos más propios. Fue un día 26, en el que sentí que un puente se estaba construyendo al fin. Creo que aún transito el hermoso puente, que deseo decorar con los colores más insólitos y míos. Quizás continúe en soledad transitando el puente, aún no lo sé, lo único que este ser quiere es seguir caminando. Caminando, caminando y  sintiendo, y sin miedo a sentir, aunque es difícil no sentir miedo, tan maldito y humano. ¡Vaya el fin del tiempo escolar, las risas, el deseo de que dure algo tan imposible como los instantes de la adolescencia! La ilusión al brote máximo de estrellas silvestres, que quiere ir a la vera del río conmigo y sin mí. Siete es el número que me regaló la oportunidad de creer, elevar la conciencia, y sentir que algunas expectativas, vaya que altas, comenzarían a tomar forma. Siete el número de espejos no rotos, de suerte forzada y lejana, que encierran ojos efímeros, que alguna vez tomaron de estas manos. Siete años en que soñé, me alejé de la realidad como la pisciana más pura e inocente, y fui música. El destino a veces me aleja tanto de vos, querida música, que esta ascendente en capricornio siente que debe hacer eso que parecería  el camino fijado, marcado, pero aún así no sabe si ese camino es el correcto. Volar, querida música, sé que me siempre me vas a dar esas alas que necesito, aunque quizás, no estemos muy cerca una de la otra por estos momentos. Nunca te voy a abandonar, aunque escuche voces que me digan lo contrario. Mi corazón es tuyo, por siempre. Desde hace 7años que así fue, y será. Vos y yo somos puente frágil e incierto. Pero estamos unidas al fin. Y hasta el fin.

viernes, 7 de agosto de 2015

Felizmente anormal



  A veces sueño que vuelo en globo aerostático,
  y  que me regalás desde la tierra un grito, 
y ahí me doy cuenta  a dónde pertenezco. 

  Gritame más, por Dios llamame, 

 No dejes de volar el cometa que ruge en sangre, 
y se eriza su propia piel.

 Quizás, sea un eterno delirio lejano. 
  Amanecer y quebrar todo sonido y sentirme 
  felizmente anormal.
  Saludar a la norma, y girarla en una calesita, 
  y que termine mareada, 
 para que ni ella sea consciente, 
 del límite entre el bien y el mal. 
  ¿Crees que Foucault se sentiría más feliz?

  Marear a la norma,
 y volar en un globo aerostático.

  NO- NOCHE
  
  NO- SOL

  NO- ASTRO

  NO -EXISTIR

  NO- MAS- QUE -SER,
 y que ya nadie más nos diga, 

  si esto está realmente bien.


domingo, 17 de mayo de 2015

Abreportales



     Ay mi niña, ya deja de estallar. La vida puede tomar otro sentido cuando dejas de gritar tu mente. Ay niña, si supieras que tu vida puede ser maravillosa. Los desgarros ficticios a los que te has sometido no tienen más que el color de una extraña lejanía de lo que no fue.
  
Lloraste por alguien mi niña, alguien que no supo ver tu alma. No intentes echar tajadas al cielo, el color es siempre del mismo azul intenso aunque lo veamos nublado. No intentes enviar alguna luz galáctica para que alguien que ha sido importante para ti recuerde tu nombre y tu rostro.  En algún momento de su existencia, cuando menos lo esperes, verás un gran universo en donde todos los hilos e hilachas tomarán color, y forma. Todo lo amorfo tomará la forma menos esperada. El amor evoluciona, tu amor evolucionará, como el alma misma. Abre los portales.

Busca alguna hamaca de alguna plaza y déjate llevar por el vértigo y no pienses más niña, que no tienes ni idea del increíble mundo que te espera. Podrás pintar las calles y las risas, los mares y el sonido. Ya lo verás. Mientras tanto, no intentes manipular el sentido del cosmos. Los sean que sean para tu camino, aparecerán, y los que no, se perderán en alguna dimensión paralela. Niña, te hablo desde la sabiduría que los años y las arrugas me regalaron.


-¿Pero, cómo puedo hacer para sentir esa brisa de libertad y no pensar ni mirar atrás?
- Disfruta del camino  mi niña, esa es la única salida.
- ¿Cómo sabes que eso es lo mejor para mí?
- Créeme, no te arrepentirás de nada, simplemente se trata de ser y dejar ser. Alguna vez te lo dijeron ya, cierto?
-   ¿Cómo lo sabes, si vos no sos yo?

-  Pasaron muchos años, y todavía no nos hemos encontrado. No apresures el curso de las cosas, ya iremos juntas de la mano. Créeme.

lunes, 9 de febrero de 2015





Soy una parte tan minúscula del universo, que hay veces que no me hallo en él. 
Soy quizás un todo y una nada a la vez, intentando entender lo que aún no apareció en este extraño cosmos. 

La voz perdura segundos en el éter, pero sé que queda impregnada en el recuerdo, como un perfume, o una canción. 
Hoy podría decir que hay melancolía en este pequeño universo que me perfuma y me canta, hay ansiedad y sobre todo, temor a lo desconocido. 
Mientras tanto, soy como un constructor intentando derribar aquellos muros viejos que ya nada simbolizan. El colibrí vuela y me invita a seguirlo, escucharlo y oler su néctar. 
Me invita a perderme por espacios insólitos, que sé, destruirán para siempre el espacio de lo consciente.
 El colibrí logra hacerme llorar y gritar que no quiero, que no quiero volver a mirar atrás. 

 ¿ Podría evitarlo al miedo? ¿ El miedo podría evitarme a mí? Cómo se lo agradecería, que cruce por la vereda opuesta a la que camine.

 ¿Quién me haría confiar esta vez? ¿ Habrá en este gigante mundo un trozo de éter desdibujado para mí? 
  
  ¿Qué sonrisa será la más genuina, la que me haga entender que mis pisadas van hacia  lugar hedonista al fin?

  ¿ Por qué yo no...?