domingo, 10 de agosto de 2014

Te espero ( y no voy a cansarme)




   Desde este reguero de manifestaciones llamado existencia, te espero. No sé muy bien de qué modo será que llegues, si deambularás en caballo como un viejo western boy reencarnado, si nos chocaremos en alguna esquina de algún pueblo/ciudad, yo con una bolsa de supermercado poco elegante con varias cervezas y vos, con cara de disgusto frente a la pérdida del partido de tu  equipo favorito, o quizás... No, no, tal vez seas vos quién se enamore de mis ojos, de mis preguntas existenciales tiradas a la luz del sol, o de mis risotadas espontáneas con sabor a canelones caseros con salsa blanca.  No sé de qué color será tu piel, si tendrás o no más de 30 años, si serás judío o cristiano, pero lo único que deseo con mi alma que sepas es, que te espero. Porque en sueños creí haberte oído, o sentido llegar de alguna forma. Quizás ames la música locamente como yo, quizás te agrade leer a Cortázar y Freud, quizás sepas más de anécdotas mundanas que mis ancestros. Desde estos epicentros nerviosos, cortocircuitos masoquistas y círculos kármicos en los que se enreda la llamada "vida", lo único de lo que casi segura estoy, es que no voy a ser como esas viejas desesperanzadas que ya no creen en un amor fuerte, real, duradero. Sé muy bien que en algún lado te albergas, sueñas, te preguntas, lees, tocas, escuchas casi como yo suelo hacerlo. O mejor. El pasado, viejo maestro, me ha enseñado que ninguno de los que se cruzaron conmigo son vos, aunque en ellos alguna vez creí haberte encontrado. Las tácticas del karma me dieron la lección de entender que los seres ermitaños, con temores a la vida,  no son para mí. Primero deben aprender a hallar la luz por sí mismos. Tuve que aprender a darme cuenta de que el primer ser humano en amarme debo ser yo misma, antes de que  un otro lo haga por mí.  Quizás  sea el teje y maneje de las circunstancias lo  primero que me fortalezca y me eleve hacia la vida, los lugares más insólitos y fantásticos, porque desde mi infancia que siento vivencias semejantes por venir. El tiempo transcurre, no me da tregua, pero aún así confío con firmeza que en algún momento vas a cruzarte con este ser que escribe estas palabras que , quién dice, pueden ser muy poco leidas o puedan pertenecer a un capítulo de alguna futura novela. Oh, quisiera sentirme como La Maga buscando a su Oliveira, en un deseo más revoltoso de que los cabellos de un hippie, y  sintiendo que los olores se perciben y que la ausencia es a la vez presencia, que la distancia es proximidad inevitable y que la noche lleva al río y sus misterios. París, Bosnia, Puerto Madryn o Pekín, el mundo no es nada ni es inabordable cuando sabemos a ciencia cierta que lo pequeño es a veces  lo más maravilloso.

 Quién te dice, quizás leas esto la próxima semana, o dentro de cinco años. Algo me dirá que eras vos, tu caminar, tu mirada, tu risa. No lo sé, pero aún así creo saberlo.

  Prefiero no buscarte, porque tengo cierto miedo de finalmente hallarte o de forzar(nos). Aprendí que forzar no sirve, que el amor es más que una suma de voluntades. El amor va de a dos, no por un único sendero. Es individualidad con intenciones de compartir la dicha de sentirnos vivos. Mientras tantos, viviremos. Vos en unos brazos, yo quizás en otros. Pero lo que sí sé, es que cuando nos encontremos, va a ser esta misma vida, y en ella, mi mejor golpe de suerte y causalidad. Te espero.


S.C