lunes, 9 de febrero de 2015
Soy una parte tan minúscula del universo, que hay veces que no me hallo en él.
Soy quizás un todo y una nada a la vez, intentando entender lo que aún no apareció en este extraño cosmos.
La voz perdura segundos en el éter, pero sé que queda impregnada en el recuerdo, como un perfume, o una canción.
Hoy podría decir que hay melancolía en este pequeño universo que me perfuma y me canta, hay ansiedad y sobre todo, temor a lo desconocido.
Mientras tanto, soy como un constructor intentando derribar aquellos muros viejos que ya nada simbolizan. El colibrí vuela y me invita a seguirlo, escucharlo y oler su néctar.
Me invita a perderme por espacios insólitos, que sé, destruirán para siempre el espacio de lo consciente.
El colibrí logra hacerme llorar y gritar que no quiero, que no quiero volver a mirar atrás.
¿ Podría evitarlo al miedo? ¿ El miedo podría evitarme a mí? Cómo se lo agradecería, que cruce por la vereda opuesta a la que camine.
¿Quién me haría confiar esta vez? ¿ Habrá en este gigante mundo un trozo de éter desdibujado para mí?
¿Qué sonrisa será la más genuina, la que me haga entender que mis pisadas van hacia lugar hedonista al fin?
¿ Por qué yo no...?
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