jueves, 14 de julio de 2016
El árbol, el mono, el río
Me han dicho que en la vida hay dos clases de personalidades: los árboles, que son aquellos que echan raíces con facilidad y se establecen, y los monos, que revolotean, bailan, se trepan a los árboles, se quedan un tiempo imprevisible, y luego se van. De pequeña, por formas de contemplar la vida, y ante varias decepciones con algunas amistades, pensé que estaba destinada a ser un árbol, echar raíces, afianzar vínculos, acariciar la profundidad, dejar que los monos se sirvan de mis frutos, y luego sin más, se marcharan. Sin embargo, creo en la capacidad de elección, y de lo divino que existe en cada ser. Decidí convertirme tanto en mono como en árbol. Ser columpio y movimiento. Ser columna, sostén, y volar entre el aire y el viento. A la vez, mi alma no vive sin la profundidad del agua, y de las moléculas del aire. Con el paso del tiempo me he convencido de que , tanto árboles como monos, no pueden vivir unos sin otros. Se necesitan, se sostienen, se nutren en vida, se alimentan. Son éxtasis selvático y supervivencia. El árbol es árbol por ser lo que no es un mono, y necesita del mono para autoafirmar su identidad. Lo mismo ocurre con el mono, quién no sería ese curioso animal si no fuera por los enormes árboles que lo acobijan y alimentan. Árbol y mono son amigos, son amantes, intercambian con su entorno, brindan algo de sí, que es imposible de repetir e imitar. Existen amores de esos más "mono", o aquellos que apuestan por las raíces ( pero no por eso lo que nunca evoluciona), las amistades que crean bosques frondosos, o las amistades que perduran lo que una mariposa.
Si me preguntan, yo prefiero ser movimiento y a la vez profundidad, armar fogatas entre los senderos, disfrutar del "entre", el espacio que se manifiesta desde un árbol hasta el mono más volátil. Por qué no, ser flor de un bosque repleto de árboles antiguos y sabios, con muchas raíces de vida. Elijo ser complemento entre la mutación y la creación más incandescente y explosiva. Recuerden que el agua tiene profundidad, y aún así es energía y crea corriente, como el río que danza hacia el mar...
¿Vos te sentís más árbol, mono, o una combinación de ambos?
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Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarNo por su efímera condición, renegamos de la belleza de la mariposa, ni de la virtud de sus alas. Sería un mono saltarín, con asombrosa agilidad a pesar de la corteza de piel y la madera que yace debajo. De sobremanera saborearía los frutos que cada árbol me diera, cuidadoso de ir arrojando luego las semillas por todas partes y haciendo, con las cáscaras de los frutos, formas de animales que dejaría en las copas de los árboles.
ResponderEliminarGracias por tu respuesta! Entonces, ¿te es más afín la volatilidad del mono, el movimiento?
ResponderEliminarLo es, pero no como un viajero, sino regando el bosque donde nació, viéndolo crecer, sirviendo la sombra de los árboles que le hacen bien
ResponderEliminarLo es, pero no como un viajero, sino regando el bosque donde nació, viéndolo crecer, sirviendo la sombra de los árboles que le hacen bien
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